Los orígenes, los cimientos, lo rural: trigo en las viñas

Durante la infancia y la juventud mi vida giraba en torno a dos mundos opuestos: uno, en Barcelona, donde simplemente estudiaba y donde mi padre cumplía su semana laboral como trabajador en una gran empresa. Un hombre que se vio obligado a emigrar a la ciudad porque su oficio de guarnicionero ya no daba trabajo. Los tractores habían sustituido los animales en el campo y los coches acabaron con los carros. Ya nadie necesitaba correajes, sillas de montar etc. para los animales.

Mi madre, La Florens era una persona llena de sensibilidad. Nunca conoció a su madre, murió en el parto, una superviviente en esencia del primero al último minuto de su vida. Trabajó duro en la panadería de su padre desde los 13 años sin ningún reconocimiento. Era la postguerra, tiempos difíciles. En Barcelona fue una ama de casa modélica, con un gusto especial por la gastronomía, heredado de antepasados. Ella lo llamaba cocinar con gusto. Si llovía íbamos a por caracoles, ella después, tres días de trabajo en la cocina, todo despacio … ¡Maravillosos caracoles, inolvidables!

Mi otro mundo era rural, donde habían nacido mis padres. Cada fin de semana, cada día de fiesta, todas las vacaciones, eran allí. Todo se transformaba y se percibía diferente. Las experiencias, los alimentos, el cocinar era aún más excelso. Mi padre ya no era el trabajador, era creador de aventuras permanentemente.

En mi cabeza se había fijado siempre la misma pregunta infantil: ¿Por qué el 100% de nuestras vidas no transcurría allí?. Amábamos el lugar, teníamos amigos, éramos felices.. Y lo éramos todos. Pronto entendí que a algunos les costaba ganarse a la vida allí. Hubo trabajo en casa para los hermanos de mis padres, pero no para ellos, y su amor resistía cualquier envite. Y así era la vida, también para la pequeña viña que teníamos en Sant Martí de Sesgueioles. ¿Viña?, ¿Por qué le llamábamos viña, si había trigo plantado?.

Tras la filoxera, el viñedo había muerto y los propietarios de las tierras, decidieron buscar un cultivo más cómodo, menos de sufrir, más mecanizable, en resumen, el trigo era mucho mejor que la viña operativamente y nunca se volvió a replantar el viñedo. El patrimonio vitícola quedó en el olvido, así como los antiguos lagares de las casas, que ya no servirían para nada.

El paisaje cambió el verde primaveral por el amarillo, y la gente, sin duda, también cambió. Se perdió esencia. Ya sólo se ganaba la vida en el campo el que tenía centenares de hectáreas que le permitían amortizar las grandes maquinas. La vida era rural, pero no era de campo. El campo era sólo de algunos y lo vivían a su manera.

Y un día descubrí el Priorat, un clima parecido, una orografía mucho más tortuosa y vi que no se habían rendido todos, que algunos volvieron a plantar viñedo tras la filoxera y que también volvieron a trabajar de sol a sol en pendientes y terrazas.

Pensé: ¡Esta zona está habitada por gente tenaz!

Me quedé, obviamente.

2 Comments on “Los orígenes, los cimientos, lo rural: trigo en las viñas”

  1. Vull fer la meva pròpia vinya, al meu poble (Alta Ribagorça), prepirineu (1.100 m). Una petita per a mi, per jugar, i vull veure si les meves terres, que vaig heretar, li interessen a algú añtre amb, més posibilitats, per a una de més gran !! La teva història m’ha donat ànims. M’agradaria molt que algun dia pogués agrair-t’ho !!

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