El nuevo vino de 2017 en las viñas de Josep Grau Viticultor

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“Quien sabe degustar no bebe jamás el vino, sino que degusta secretos.” Salvador Dalí.

Siempre hemos querido imaginar el vino como una escultura de los sentidos, realizada con las materias primas que nos da la tierra, expresada en los matices de la uva. Un conjunto de sensaciones conseguidos del moldeado del sol, de los suelos que componen nuestras viñas, del viento, de la niebla, del agua que empapa los bancales y que se filtra entre las arcillas, la pizarra, los granitos y que aportará a cada grano la expresión exacta que tratamos de reproducir en cada uno de nuestros vinos.

Ha terminado Enero entre tareas de poda que se extenderán hasta finales de Febrero. Ahora los paisajes de las viñas se muestran latentes, a la espera del renacimiento de la primavera. Viñas que se muestran expectantes, preparadas, como en una posición de salida hacia la carrera que conlleva la conquista de las espalderas, la extensión verde sobre el campo de nuestras viñas viejas en vaso, dispuestas a seguir regalándonos frutos nuevos con sabor a centenarios. Viñas a las que, estos trabajos, determinarán la manera de recibir el sol, condicionarán la maduración, y regularán su producción y fertilidad. Empezarán, las viñas, a alimentarse con la fortaleza mineral del subsuelo. Viñas que parecen dormidas, pero que en realidad cogen impulso, se preparan para desperezarse con fuerza en primavera, están respirando para la conquista verde de sus yemas. Un tiempo de cuidado de las cepas en el que se vigilan y se curan de las posibles heridas en la madera, de una preparación minuciosa y necesaria que garantice la salud de la planta sin aditamentos que desvirtúen su naturaleza fuerte. Enero ha acabado pero las viñas han vuelto al principio del ciclo del vino, listas para renacer y dotarnos de esas sensaciones que moldearemos con delicada dedicación para llevar a cada botella, la esencia del terreno.

Ahora toca prestarle atención a la tierra, vigilar y mimar los nutrientes, observar el reposo invernal de las viñas para garantizarles el descanso que ha de darles la fuerza expresada en los frutos que durante el verano, madurarán para completar de nuevo el ciclo.

En la DO Montsant, una geografía singular hace que cada viñedo aporte características propias, únicas: las composiciones de los terrenos, los microclimas en que se sitúan las explotaciones, la exposición al viento que regula los aportes de humedad. Todo ello hace que cada parcela adquiera características irrepetibles. En Josep Grau Viticultor apreciamos esa variedad, nos enamoramos de los matices, y tratamos de no intervenir  para modificarlo. Al contrario. Nuestra filosofía de vinos sinceros nos constituye en garantes de estas condiciones únicas en el mundo, transmisores de lo diferencial, del matiz reconocible del fruto, la tierra y el clima. Por ello durante el invierno, en las épocas de abonado y poda, en el tiempo en que toda nuestra atención se centra en el suelo, ejercemos un control sobre nuestro entorno para que nada desvirtúe lo que nuestros vinos significan.

Toca dejar descansar las viñas, mirar al cielo y al suelo a partes iguales, esperar el punto adecuado de frío en lo que queda de invierno y prepararse para las lluvias de la primavera en que los brotes conquistarán de nuevo de verde el paisaje. Pero lejos del estado contemplativo que se sugiere, son meses de profunda conexión con el terreno, días de trabajo de campo con condiciones invernales. Al fin y al cabo el vino que queremos tiene sol, lluvia, tierra, carácter único pero también trabajo, sacrificio y dedicación para proveer las sensaciones, siempre auténticas, que se remarcan en bodega. Todo eso llegará con la próxima añada, estamos en la parte del trabajo de campo, en la comunión con la tierra. Estamos empezando a moldear las sensaciones en la medida justa de la conservación. Estamos empezando a hacer nuestro próximo vino.

Mientras tanto no todo acaba en el campo donde se empieza ese nuevo vino, en la bodega reposan añadas anteriores, protegidas y arropadas en los foudres de madera que lo hacen crecer, ensamblándose, adquiriendo los matices justos del roble austriaco, sin caer en un excesivo tostado, sometidos a la vigilancia atenta de su evolución tranquila. Preparándose para demostrar su terreno,  su clima, su fruto para expresar, como una escultura de sensaciones, toda la sinceridad de  Montsant y transmitir ese campo que en invierno se mimó.

Autor: Santiago Colomo

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